El método tradicional de verificación de fugas —sumergiendo el producto en agua, inyectando aire y evaluando visualmente la aparición de burbujas— limitaba la precisión, dependía del criterio del operador y no generaba datos cuantitativos para análisis o trazabilidad.
CIP desarrolló un sistema automatizado de prueba de fuga de alta precisión, incorporando sensores especializados y una serie de fixtures intercambiables que permiten validar múltiples números de parte con exactitud.
El equipo integra además un servomotor inteligente que ajusta automáticamente la posición de los fixtures según la longitud o variante del producto, garantizando repetibilidad y eliminando ajustes manuales.
El resultado es un proceso más confiable, cuantificable y completamente trazable, que ahora proporciona valores exactos de prueba y asegura una validación consistente acorde a los estándares de la industria médica.
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